Mark Fisher lo describe con precisión: tanto el trabajo como "estar en una relación" funcionan como requisitos tácitos de existencia legítima. Sin ellos, uno no cuenta como persona real.
Nunca serás como la gente rica
Y luego te dirán que los hombres sufren tanto o más que las mujeres, porque ellos tienen la obligación de ser los que más duro trabajan, los que traen el dinero a casa, los que ganan más, los putos amos—¡Claro que suf…
Las redes sociales han instalado en la generación millennial/Z la sensación de que el tiempo está siempre vencido: los logros deben llegar rápido o significa que algo está mal contigo.
Sin duda, hemos podido y debemos responsabilizar a acciones y organizaciones poco éticas: conducir ebrio solía ser algo común, las tabacaleras aseguraban públicamente que la nicotina no era adictiva y, como mencioné a…
No, no soy tolerante. No, no quiero “debatir” o “entrar en diálogo con” demócratas liberales, PoMoSofistas, opiniólogos, carnalistas, hedonistas, mencheviques, individualistas… No, no te respeto, ni solicito tal res…
Igual que las mujeres entran gratis a las discotecas porque no son clientes sino parte del producto, los usuarios de servicios digitales no los consumen: son consumidos por ellos.
El capital cultural nos ha transformado mucho más de lo que nos transforma el capital económico. Porque puedes tener dinero y seguir siendo una mujer de barrio. Pero el capital cultural no basta con tenerlo: hay que p…
La violencia inmobiliaria y la pobreza energética definen la experiencia millennial más que ningún meme cultural. Hablar de millennials en términos de Pokémon Go o shitposting oculta las condiciones materiales que los producen.
No deberíamos ver la tecnología como algo tedioso que hay que aprender para ser "empleables", ni como alienación inevitable. Es una disputa entre quienes la usan para controlar y lucrar, y quienes quieren convertirla en herramienta de libertad.
La masculinidad tóxica no oprime solo a las mujeres: crea inseguridades en los hombres, les prohíbe expresarlas, y luego los culpa de los daños que produce en ellos. El sistema hace el daño y acusa a la víctima.
Irene Vallejo: la bondad asusta porque nos vuelve conscientes de la vulnerabilidad —ajena y propia. Preferimos el ideal de suficiencia, que promete fortaleza al precio del aislamiento. En ese océano de islas amuralladas, la bondad acaba siendo el placer prohibido.
El estrés y la ansiedad crónicos no son efectos secundarios de una vida exigente: son la condición estructural de la existencia bajo el capitalismo tardío. La autorrealización individual es la respuesta de mínimos que deja intacta esa condición.
La sensación de "no seré persona hasta que gane mucho dinero, tenga muchos títulos y pueda correr un maratón" revela que el capitalismo ha colonizado la identidad: ser alguien depende de producir suficiente.
La bondad asusta porque nos vuelve conscientes de la vulnerabilidad ajena, y de la propia. No queremos afrontar la fragilidad acechante de nuestros cuerpos. Preferimos el ideal de suficiencia, menos promiscuo, que pro…
Debemos romper la asociación entre trabajo y vida buena, entre trabajo y bienestar, entre trabajo y felicidad. Lafargue tenía razón: el amor por el trabajo es una depravación, una enfermedad socialmente inducida. Si l…
Igual que las mujeres entran gratis a las discotecas porque no son los usuarios de la discoteca sino que son, en parte, el producto a ser consumido, tenemos que darnos cuenta de que muchos de los servicios digitales q…
Puedes ganar mucho dinero y aun así nunca ser aceptado en los círculos de quienes lo heredaron por generaciones. El old money no es solo riqueza: es un sistema de exclusión que el dinero nuevo no puede comprar.
Tratar el consumo de drogas como una decisión individual moralmente reprobable reproduce la retórica democristiana: avergüenza a quienes tienen adicciones y oscurece las causas estructurales (desempleo, enfermedad mental, dolor crónico, indigencia).
La escena repetida del millennial que llega tarde a casa y pasa una hora haciendo scroll sin publicar nada, "asomado al abismo", no es flojera ni adicción individual: es el síntoma de una fatiga que el concepto de generación no alcanza a explicar.
Revender al por mayor es objeto de burlas clasistas cuando lo hace un pobre en Costco, pero es "inversión" y "derecho" cuando lo hace una inmobiliaria con viviendas. El mismo acto —comprar para revender más caro— se juzga según quien lo realice.
El capital cultural no se adquiere: te secuestra. A diferencia del económico, no basta con tenerlo —hay que performarlo en cada gesto, palabra, deseo y cuerpo. Por eso destruye la identidad de clase más radicalmente que la riqueza.
Lafargue lo nombró y Espluga lo retoma: el amor al trabajo no es virtud natural sino enfermedad socialmente inducida. La crítica ambiciosa no busca mejores condiciones laborales sino romper la ecuación trabajo = vida buena.
Los ricos no van a escapar
La TV
Me gusta mucho la ciencia ficción, y hay un tropo en el que estoy pensando desde antier: el mundo se va a la verga, los ricos se dan cuenta, se compran unos cohetes, y se van del planeta. Lo conocemos todos, lo hemos visto en Elysium, Love, Death & Robots, Don't Look Up, etc.
Me gustaría que solamente fuera ciencia ficción, pero el tropo también aparece en la vida real: Sam Altman dijo en una entrevista que tiene una zona segura a la cual ir en caso de que la civilización colapse de alguna forma. No es el único ultrarrico que ha expresado algo similar. Para bien o para mal, existen personas que poseen al menos dos creencias: 1) la humanidad puede llegar a un punto límite que haga que esos refugios sirvan de algo, y 2) ellos son de los pocos privilegiados que estarán a salvo.