2026-01-10

Una carta a un gato

Hola, Tamal.

El día de hoy imaginaba qué pasará el día que mueras. Pensaba en lo probable de que yo siga vivo, que sigas en mi vida para entonces y que te siga amando tanto como ahora. Me surgieron preguntas que no sé responder. Algunas que tampoco quiero. Pensé en que te escribiría una carta, como esta, dándote las gracias por todo. Y pensé que lloraría mucho.

Pensando en eso, pensé en escribirte una carta ahora, que sigues viva. Sé que no te interesan las cosas que a mí. Sé que no puedes reír pero sí llorar. Sé que no te interesa lo que piense, pero que sí distingues mi voz. Pensé que, de alguna forma, sabes que te amo. Me cuestiono si todo gesto de amor tiene sentido solamente cuando el objeto amado es capaz de recibirlo. No pienso que sea así.

A veces me parece reconocerte de otra vida, cuando me ves fíjamente por tanto tiempo que intento escuchar algo que quieras decirme. No sé si me miras a mí o si miras a la nada. Imagino que tenemos una eternidad turnándonos los cuidados del otro. Imagino que hace no muchos años fuiste una muchacha en alguna bonita ciudad, imagino que fuiste feliz y que en algún lugar me escribiste una carta, diciéndome que me amas. Imagino que me la encuentro y te recuerdo.

Imagino que en unos años encuentres esta carta y me recuerdes. Y sepas que, en esta vida, yo no fui quien te puso nombre. Me pregunto si tú me pusiste mi nombre.