Hay vergüenza en admitir que se vuelve a quien abusa, que su atención intermitente es una adicción, que quien hace daño también hace feliz. La mezcla de placer y culpa puede volverse indistinguible.
La vergüenza del abuso y la confusión del placer con la culpa
Hay vergüenza en admitir que se vuelve a quien abusa, que su atención intermitente es una adicción, que quien hace daño también hace feliz. La mezcla de placer y culpa puede volverse indistinguible.
Idea
- El abuso no es solo dolor: la intermitencia de la atención genera dependencia psicológica real.
- La vergüenza social añade capas: primero el daño, luego la vergüenza de no haberse ido.
- El abusador “interno” se proyecta en nuevos vínculos: no es que busques repetirlo, es que lo llevas dentro.
- Ver también:
zettel/decir-basta-como-acto-de-nombre
Fuente
lit/laura-terciado