2026-04-19

Hay vergüenza en admitir que se vuelve a quien abusa, que su atención intermitente es una adicción, que quien hace daño también hace feliz. La mezcla de placer y culpa puede volverse indistinguible.

La vergüenza del abuso y la confusión del placer con la culpa

Hay vergüenza en admitir que se vuelve a quien abusa, que su atención intermitente es una adicción, que quien hace daño también hace feliz. La mezcla de placer y culpa puede volverse indistinguible.

Idea

  • El abuso no es solo dolor: la intermitencia de la atención genera dependencia psicológica real.
  • La vergüenza social añade capas: primero el daño, luego la vergüenza de no haberse ido.
  • El abusador “interno” se proyecta en nuevos vínculos: no es que busques repetirlo, es que lo llevas dentro.
  • Ver también: zettel/decir-basta-como-acto-de-nombre

Fuente

lit/laura-terciado